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“Sueño Sin Fronteras”: 800 migrantes abandonan Tapachula rumbo a Ciudad de México
La nueva caravana está integrada por migrantes de unas diez nacionalidades, entre ellos hondureños, cubanos, haitianos, venezolanos y centroamericanos. Muchos aseguran llevar meses esperando una respuesta de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), mientras enfrentan dificultades para conseguir empleo, vivienda y documentos que les permitan permanecer legalmente en México.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 21/08/2026 21:56
Mundo

TAPACHULA, México.— Con mochilas al hombro, niños en brazos y pocas pertenencias, alrededor de 800 migrantes emprendieron este jueves 20 de agosto una nueva caminata desde Tapachula, Chiapas, hacia el centro de México. La denominada “Caravana Sueño Sin Fronteras” tiene como primera meta la Ciudad de México y posteriormente algunos de sus integrantes pretenden desplazarse hacia estados del norte en busca de empleo y mejores condiciones para establecerse.

El movimiento refleja un cambio en las rutas y expectativas de quienes permanecen en el sur mexicano. En lugar de intentar continuar inmediatamente hacia Estados Unidos, numerosos migrantes buscan ahora avanzar dentro de México, regularizar su situación y encontrar una fuente de ingresos que les permita sostener a sus familias. Organizaciones y medios mexicanos han documentado que las caravanas de este año han tenido precisamente como destino ciudades del interior, entre ellas Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

La columna migratoria reúne a personas procedentes de aproximadamente diez países. Entre las nacionalidades identificadas figuran Cuba, Haití, Honduras, Guatemala, El Salvador, Colombia y Venezuela, además de otras procedencias, y el grupo incluye familias completas y menores de edad. Algunos participantes llevaban meses en Tapachula aguardando respuestas a sus solicitudes ante la Comar, mientras otros se incorporaron recientemente ante la falta de alternativas.

Uno de los principales reclamos de los migrantes es la demora en los procedimientos de regularización. Reportes publicados meses atrás ya advertían que las oficinas de la Comar y del Instituto Nacional de Migración (INM) en la frontera sur estaban saturadas y que algunos solicitantes denunciaban esperas que podían superar un año. Esa situación ha contribuido a mantener a numerosas personas atrapadas en Tapachula sin posibilidad clara de trabajar o trasladarse legalmente a otras regiones.

Para la hondureña Denisse Zacarías, permanecer en Tapachula se convirtió en un obstáculo para alcanzar el objetivo que la llevó a migrar: trabajar y mejorar las condiciones económicas de su familia. La mujer explicó que su intención es llegar a Monterrey, Nuevo León, porque considera que allí existen mayores oportunidades laborales, además de poder enviar dinero a sus familiares y construir una vida dentro del marco legal mexicano.

El testimonio de los integrantes de la caravana también expone las dificultades económicas que enfrentan quienes permanecen en la frontera sur. La falta de documentos limita el acceso a empleos formales, mientras que los costos de alquiler y alimentación complican todavía más la permanencia. Un reporte de El Universal señaló que los participantes decidieron salir, entre otros motivos, por la ausencia de respuestas a sus trámites, las escasas oportunidades laborales y los elevados costos de vivienda.

Entre los caminantes también hay personas que fueron deportadas desde Estados Unidos. Un migrante cubano de 62 años, quien pidió mantener su identidad en reserva, relató a EFE que fue expulsado hace siete meses durante la administración de Donald Trump y que desde entonces permanece prácticamente sin recursos en Tapachula. Según su testimonio, duerme en las calles y carece de documentos y alimentos suficientes para mantenerse en la ciudad.

Otros ciudadanos cubanos que participan en el desplazamiento mantienen todavía la esperanza de regresar algún día a Estados Unidos. Su expectativa, según EFE, es poder trabajar nuevamente en actividades agrícolas o en el transporte de carga en California, aunque mientras tanto buscan salir del estancamiento que, aseguran, enfrentan en Tapachula. La caravana se convierte así en una alternativa para quienes ya no encuentran viable permanecer en la frontera sur.

El recorrido es acompañado de cerca por corporaciones de seguridad estatales y personal del Instituto Nacional de Migración. De acuerdo con EFE, se trata del quinto grupo migrante que abandona Tapachula en lo que va del año, aunque otros reportes locales contabilizan la movilización de agosto como la cuarta caravana de 2026. La diferencia responde a la forma en que distintos medios y organizaciones contabilizan los desplazamientos registrados durante el año.

La decisión de caminar hacia el centro del territorio mexicano ocurre, además, dentro de un escenario migratorio transformado por las políticas estadounidenses. El endurecimiento de las medidas impulsadas por el presidente Donald Trump ha reducido las posibilidades de avanzar hacia la frontera norte y ha incrementado la presión sobre México, que pasó de ser principalmente un territorio de tránsito a convertirse también en lugar de permanencia para miles de personas que buscan regularizarse.

En ese contexto, Tapachula se ha convertido en un punto de concentración de migrantes que esperan documentos mientras intentan sobrevivir con recursos limitados. Organizaciones citadas por EFE estiman que alrededor de 65,000 migrantes permanecen varados en la frontera sur mexicana a la espera de resoluciones sobre sus trámites. La cifra dimensiona el desafío que enfrenta México para atender las solicitudes de refugio y regularización acumuladas en esa región.

La “Caravana Sueño Sin Fronteras” representa, por tanto, algo más que un nuevo desplazamiento colectivo: evidencia la transformación de las aspiraciones de miles de migrantes que ya no ven necesariamente a Estados Unidos como su destino inmediato. Para muchos, la prioridad ahora es conseguir documentos, empleo y estabilidad dentro de México; para otros, avanzar hacia el norte del país podría ser apenas una etapa mientras esperan que cambien las condiciones que actualmente les impiden continuar su proyecto migratorio.

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