La inteligencia israelí habría advertido en repetidas ocasiones a Estados Unidos que Irán pretendía atentar contra la vida de Donald Trump, según funcionarios estadounidenses actuales y anteriores citados por Reuters. Las alertas comenzaron antes de la guerra de 2025 y se intensificaron posteriormente, en medio del deterioro de las relaciones entre Washington y Teherán.
Las informaciones compartidas por Israel contemplaban distintos escenarios para un eventual ataque. Entre ellos figuraban un posible disparo de francotirador, el reclutamiento de una persona para atacar al presidente con un cuchillo durante un acto público y, en uno de los avisos considerados más específicos, un eventual ataque con un misil lanzado desde el hombro contra la aeronave presidencial.
Uno de los episodios más llamativos ocurrió durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Turquía, en julio. Ante una advertencia sobre un posible ataque contra el avión de Trump, el Servicio Secreto estadounidense ejecutó una operación secreta y trasladó al mandatario desde el avión presidencial a una aeronave militar más pequeña, utilizando incluso un vehículo de catering para mantener el movimiento fuera de la vista.
La maniobra permaneció en secreto durante varios días y posteriormente trascendió que había estado relacionada con preocupaciones de seguridad. Trump viajó finalmente hacia Reino Unido bajo un esquema distinto al previsto inicialmente, mientras el avión que públicamente se identificaba como el presidencial continuaba su recorrido por separado.
Sin embargo, existe un elemento fundamental que introduce dudas sobre la dimensión real de las amenazas: las agencias de inteligencia estadounidenses no pudieron confirmar independientemente varios de los datos proporcionados por Israel. Según Reuters, la CIA llegó en determinados momentos a evaluar con bajo nivel de confianza algunos de los informes israelíes relacionados con posibles ataques contra Trump.
La situación también generó discrepancias dentro del aparato de seguridad estadounidense. Mientras los servicios encargados de proteger al presidente optaron por tomar precauciones ante la información recibida, algunos analistas cuestionaron la capacidad de corroboración de las fuentes israelíes y la posibilidad de que determinadas informaciones estuvieran influyendo en las decisiones políticas de Washington.
El trasfondo de estas advertencias se encuentra en la larga disputa entre Irán y Trump. Teherán ha mantenido durante años una postura de represalia por la muerte del comandante de la Guardia Revolucionaria iraní Qassem Soleimani en 2020, operación ordenada durante el primer mandato de Trump. Las amenazas contra el entonces presidente estadounidense y personas de su entorno ya habían sido objeto de investigaciones estadounidenses.
La tensión aumentó considerablemente después de las operaciones militares estadounidenses e israelíes contra Irán. Reuters señala que Trump tuvo en cuenta información proporcionada por Israel sobre presuntas intenciones iraníes de atacarlo antes de autorizar acciones militares contra Teherán. Al mismo tiempo, existían diferencias entre las evaluaciones estadounidenses e israelíes sobre la amenaza que representaba Irán.
Uno de los desacuerdos más importantes estuvo relacionado con el programa nuclear iraní. Mientras Israel sostenía que Teherán representaba una amenaza urgente, agencias estadounidenses habían evaluado que Irán no estaba construyendo activamente un arma nuclear en ese momento. Esa diferencia evidenció las distintas interpretaciones de inteligencia entre ambos aliados.
La revelación también pone bajo la lupa la relación de intercambio de inteligencia entre Washington y Jerusalén. Estados Unidos depende desde hace años de información proporcionada por Israel sobre Irán y otros asuntos de seguridad en Oriente Medio; normalmente esos datos pasan por canales oficiales y posteriormente son sometidos a análisis dentro de la comunidad de inteligencia estadounidense.
A pesar de las dudas sobre algunas advertencias, funcionarios israelíes sostienen que sus autoridades actuaron responsablemente al compartir cualquier información que pudiera representar una amenaza contra el presidente estadounidense. La embajada israelí rechazó la idea de que Jerusalén utilizara deliberadamente sus informes de inteligencia para manipular la política de Washington. La Casa Blanca y la CIA, por su parte, declinaron comentar las revelaciones.
El episodio deja una conclusión especialmente delicada: una amenaza no corroborada puede ser suficiente para modificar los protocolos de seguridad de un jefe de Estado, especialmente cuando existe un conflicto abierto con el país señalado como responsable. En el caso de Trump, la combinación de las advertencias israelíes, las medidas extraordinarias adoptadas durante su viaje y las dudas expresadas por sectores de la inteligencia estadounidense evidencia hasta qué punto la confrontación con Irán ha elevado el nivel de riesgo alrededor del mandatario.
