La presencia militar estadounidense y de sus socios internacionales en Irak llegó este miércoles a un punto de cierre con la salida ordenada de tropas y equipos de la Base Aérea de Erbil, en el norte del país. Con este movimiento concluye oficialmente la misión iraquí de la coalición creada para combatir al grupo yihadista Estado Islámico (ISIS).
El Pentágono presentó el retiro como la culminación de una campaña militar de 12 años que logró privar al Estado Islámico de su control territorial y de su capacidad para operar como una fuerza militar organizada en amplias zonas de Irak. La operación comenzó en 2014, cuando ISIS había conquistado importantes áreas del territorio iraquí y sirio.
A partir de esta fecha, la responsabilidad principal frente a los desafíos de seguridad internos recae sobre el Gobierno de Bagdad. Entre las amenazas que Washington identifica figuran los remanentes del Estado Islámico y las milicias alineadas con Irán, consideradas por el Pentágono un factor que afecta la soberanía iraquí y la estabilidad regional.
La salida, sin embargo, no significa que Estados Unidos abandone completamente la cooperación de seguridad con Irak. El Departamento de Defensa indicó que Washington continuará comprometido con la lucha antiterrorista y mantendrá apoyo específico mediante entrenamiento e inteligencia para impedir que ISIS pueda reconstruir desde territorio iraquí una estructura semejante a la que llegó a controlar grandes extensiones del país.
Erbil adquiere así un significado especial en el cierre de esta etapa. La base ubicada en la región del Kurdistán iraquí funcionó durante años como uno de los principales centros de operaciones de la coalición y albergó a buena parte de los efectivos estadounidenses y de otros países participantes en la campaña contra ISIS.
El repliegue también modifica la estructura de la denominada Fuerza de Tarea Conjunta Combinada-Operación Inherent Resolve (CJTF-OIR). De acuerdo con el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), esta fuerza permanecerá activa, pero su sede será trasladada a Jordania, mientras las operaciones contra ISIS continúan desarrollándose en Siria junto a socios regionales.
La CJTF-OIR fue establecida por CENTCOM en 2014 para coordinar la respuesta internacional frente al Estado Islámico. Durante estos años, sus fuerzas asesoraron, entrenaron y apoyaron a unidades iraquíes y a otros socios locales en las operaciones destinadas a recuperar territorios ocupados por la organización yihadista.
El balance de la campaña muestra una transformación profunda del escenario militar. En 2014, ISIS llegó a controlar ciudades como Mosul, Tikrit y Faluya y proclamó un denominado califato; posteriormente, las fuerzas iraquíes, kurdas y la coalición internacional recuperaron esos territorios y redujeron drásticamente la capacidad convencional del grupo.
Pero la desaparición del control territorial de ISIS no equivale a la desaparición de la amenaza. Informes recientes citados por medios estadounidenses señalan que el grupo permanece debilitado y con una capacidad considerablemente menor, aunque conserva presencia clandestina y capacidad para realizar ataques. En diciembre de 2025, por ejemplo, dos militares estadounidenses y un intérprete murieron en un ataque atribuido a ISIS, según CENTCOM.
A este escenario se suma otro desafío: las milicias respaldadas por Irán. Reuters reportó que la retirada estadounidense genera simultáneamente expectativas de soberanía en sectores iraquíes y preocupación entre otros grupos por un posible vacío de seguridad que pueda ser aprovechado por organizaciones armadas vinculadas a Teherán o por células del Estado Islámico.
El cierre de la operación representa, por tanto, el comienzo de una nueva etapa para Bagdad, no el final de sus problemas de seguridad. Mientras Estados Unidos reduce su presencia militar directa y pasa a una relación bilateral de cooperación, las Fuerzas de Seguridad Iraquíes, incluidos los Peshmerga y otros cuerpos de seguridad del Kurdistán, deberán asumir el protagonismo para contener las amenazas que todavía persisten.
La retirada estaba contemplada en el acuerdo alcanzado entre Washington y Bagdad en 2024, que estableció la transición desde la misión multinacional contra ISIS hacia una relación de seguridad bilateral. El movimiento completado este 30 de septiembre marca así un cambio importante en la presencia estadounidense en Irak, mientras la atención militar contra el Estado Islámico se mantiene desde otros puntos de la región.