TEGUCIGALPA, Honduras. — Honduras cuenta desde este viernes con una nueva hoja de ruta para enfrentar los desafíos relacionados con la pérdida y degradación de la biodiversidad. La Estrategia Nacional de Biodiversidad y Plan de Acción 2030 (ENBPAH) fue presentada oficialmente como el instrumento que guiará las acciones nacionales de conservación, restauración y aprovechamiento sostenible de los ecosistemas durante los próximos años.
El documento fue impulsado por la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA), mediante la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), con asistencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). El proceso de actualización de esta estrategia comenzó con el propósito de alinear la planificación nacional con el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal.
Uno de los principales compromisos establecidos es que Honduras avance hacia la conservación efectiva de al menos el 30 % de sus ecosistemas prioritarios para 2030, además de impulsar la restauración de áreas degradadas. El planteamiento conocido como 30x30 forma parte de los esfuerzos internacionales para ampliar y mejorar la conservación de la naturaleza, aunque su cumplimiento requiere acciones nacionales, mecanismos de seguimiento y recursos destinados a su implementación. El PNUD ha señalado que Honduras ya trabaja en fortalecer capacidades institucionales para avanzar hacia esa meta.
La importancia de esta estrategia trasciende la protección de especies y áreas naturales. En Honduras, los ecosistemas están vinculados directamente con el abastecimiento de agua, la producción de alimentos, la pesca, el turismo y los medios de vida de numerosas comunidades. El PNUD señala, por ejemplo, que los humedales, incluidos manglares, lagunas costeras y otros ambientes asociados, forman redes ecológicas que contribuyen al bienestar de las poblaciones.
El ministro de Recursos Naturales y Ambiente, Juan Carlos Ramos, destacó precisamente esa relación entre naturaleza y desarrollo al señalar que la biodiversidad sostiene recursos y actividades fundamentales para el país. Bajo esa perspectiva, la ENBPAH pretende que la conservación deje de abordarse como un asunto aislado y sea incorporada en decisiones relacionadas con planificación territorial, actividades productivas, seguridad hídrica y adaptación al cambio climático.
La dimensión económica también forma parte de este enfoque. Los ecosistemas marinos y costeros hondureños, por ejemplo, tienen una relación directa con la pesca y el turismo. El PNUD señala que el país posee alrededor de 650 kilómetros de costa Caribe y forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano; además, los ecosistemas costeros generan beneficios económicos y medios de vida para comunidades vinculadas a actividades pesqueras y turísticas.
En las áreas protegidas también existen experiencias que muestran la conexión entre conservación y desarrollo local. El Parque Nacional Montaña de Celaque, por ejemplo, protege una zona de importancia hídrica y de biodiversidad en el occidente del país, al tiempo que alrededor de sus recursos naturales se han desarrollado iniciativas de turismo comunitario. El PNUD reporta que el parque tiene una extensión de 26,631 hectáreas y se encuentra entre Lempira, Ocotepeque y Copán.
La elaboración de la estrategia buscó además incorporar diferentes sectores de la sociedad. Según la información proporcionada sobre el proceso, se realizaron ocho talleres regionales, en los que participaron 196 representantes de instituciones públicas, gobiernos locales, comunidades, pueblos indígenas y afrodescendientes, academia, organizaciones y cooperación internacional. La participación pretende fortalecer la gobernanza ambiental y facilitar que las metas nacionales tengan aplicación en los territorios.
Para el representante residente del PNUD en Honduras, Alessandro Fracassetti, la nueva estrategia busca responder a la degradación de los ecosistemas mediante acciones de conservación, restauración, gestión sostenible y fortalecimiento institucional. El organismo internacional ya había advertido este año sobre presiones ambientales que afectan al país, entre ellas el blanqueamiento de arrecifes, la degradación de suelos y los efectos de períodos prolongados de altas temperaturas y falta de lluvias en determinadas regiones.
La estrategia también se relaciona con los compromisos internacionales asumidos por Honduras bajo el Convenio sobre la Diversidad Biológica. La actualización de la ENBPA fue planteada por el PNUD como un mecanismo para alinear las prioridades nacionales con el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal, aprobado por las partes del convenio.
El siguiente escenario internacional para evaluar estos compromisos será la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, programada del 19 al 30 de octubre de 2026 en Yereván, Armenia. La agenda oficial contempla, entre otros asuntos, la revisión del progreso colectivo en la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal y el fortalecimiento de sus mecanismos de seguimiento.
Con la presentación de la ENBPAH, Honduras establece así 21 metas con horizonte a 2030 y una estructura de acción que busca vincular la protección de la naturaleza con las necesidades económicas, sociales y ambientales del país. El desafío a partir de ahora será convertir los objetivos establecidos en resultados verificables sobre el territorio, mediante coordinación institucional, participación comunitaria, conocimiento científico y financiamiento para la conservación.