CATACAMAS, OLANCHO.— Con profundo dolor y entre muestras de solidaridad fue despedido el pastor Malcon Oduber Hernández, cuya muerte violenta ha generado conmoción en Catacamas y fuertes expresiones de pesar entre la comunidad cristiana y deportiva de Honduras. Familiares, amigos y miembros de su congregación participaron en los actos fúnebres para acompañarlo hasta su última morada.
La despedida estuvo marcada por oraciones, lágrimas y recuerdos de una vida que transcurrió entre el deporte, la familia y su labor religiosa. Hernández era reconocido en Catacamas por su dedicación a la iglesia y, antes de convertirse en pastor, por su paso como futbolista profesional en distintos clubes hondureños.
Su familia intenta ahora reconstruir las últimas horas del religioso. Según relató una cuñada, Malcon deja dos hijos y el miércoles, alrededor de las 4:00 de la tarde, recibió una llamada para acudir a revisar unos trabajos. Posteriormente salió de su vivienda y sus familiares dejaron de tener comunicación con él, hasta que se conoció la trágica noticia.
La versión familiar añade un elemento que ha despertado interrogantes en torno al crimen: la cuñada afirmó que Malcon no tenía problemas con nadie. De acuerdo con su testimonio, el pastor era una persona dedicada a su trabajo y a su familia, por lo que sus allegados todavía no encuentran una explicación a lo ocurrido.
Hernández había acudido presuntamente junto a Osman Antonio Cruz a una vivienda en construcción para realizar mediciones relacionadas con trabajos de construcción y balconería. Ambos fueron encontrados sin vida en el inmueble y cerca de la escena fueron localizadas dos motocicletas que, según las informaciones conocidas, utilizaban para movilizarse.
El caso provocó especial impacto por uno de los objetos encontrados junto al cuerpo del pastor: su Biblia presentaba un impacto de bala. La imagen del libro religioso alcanzado por el proyectil se difundió ampliamente en redes sociales y se convirtió en uno de los elementos que más estremecieron a quienes conocían a Hernández y siguieron el caso.
Pero la historia de Malcon no comenzó en el púlpito. Los aficionados al fútbol hondureño también lo recuerdan por su etapa como jugador y, particularmente, por una acción que quedó grabada entre sus anécdotas deportivas: haberle anotado un gol a Diego Vásquez, quien posteriormente se convirtió en una figura histórica del Club Motagua como jugador y entrenador. Ese episodio es recordado como una de las hazañas de su carrera futbolística.
El exfutbolista tuvo participación en diferentes equipos del fútbol hondureño, entre ellos Atlético Olanchano, Olimpia y Motagua, antes de dedicar buena parte de su vida al ministerio religioso. Su doble faceta —deportista y pastor— hizo que la noticia de su muerte trascendiera rápidamente el ámbito local y provocara reacciones de personas de distintos sectores.
Mientras se realizaban las honras fúnebres, el dolor de sus familiares se mezclaba con el reclamo de que el crimen sea esclarecido. La comunidad cristiana lamentó la pérdida de quien consideraba un hombre comprometido con la predicación y el servicio, mientras habitantes de Catacamas expresaron nuevamente su preocupación por la violencia que afecta al departamento de Olancho y al país.
Las autoridades mantienen abierta la investigación para establecer qué ocurrió antes y durante el ataque contra Hernández y Cruz. Hasta ahora, las circunstancias que rodearon la convocatoria para realizar el trabajo, el traslado de ambos hacia la vivienda en construcción y el posterior asesinato forman parte de las interrogantes que deberán ser aclaradas por los investigadores.
Para sus familiares, sin embargo, detrás de las investigaciones queda una pérdida irreparable: un padre que deja dos hijos, un hermano, un amigo y un líder religioso cuya vida también estuvo ligada al fútbol hondureño. En Catacamas, sus seres queridos lo despidieron con lágrimas, pero también con recuerdos de sus años en las canchas y de su entrega a la fe.
La última despedida cerró así un capítulo doloroso para la familia Hernández. Entre oraciones y muestras de cariño, el recuerdo del pastor quedó unido a dos facetas que marcaron su vida: la pasión por el fútbol y su dedicación a Dios. Ahora, sus familiares esperan que las investigaciones permitan conocer quiénes estuvieron detrás del doble asesinato y por qué fueron atacados.