Seúl/Moscú.— La cooperación militar entre Corea del Norte y Rusia atraviesa una nueva fase de expansión, mientras crece la preocupación en Ucrania y Corea del Sur por la posibilidad de que Pyongyang incremente su participación en la guerra. La evaluación más reciente de la inteligencia surcoreana señala que el régimen de Kim Jong-un continúa preparando un eventual envío adicional de tropas, aunque hasta ahora no se han detectado movimientos que permitan afirmar que una nueva movilización sea inminente.
La información de Seúl contrasta con las advertencias formuladas por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien había señalado que Rusia estaría preparándose para recibir entre 30.000 y 50.000 militares norcoreanos. Pyongyang rechazó esas afirmaciones, pero la inteligencia surcoreana reconoce que existe preparación interna para un posible nuevo despliegue, lo que mantiene abierta la posibilidad de que Moscú solicite más personal militar a su aliado asiático.
El involucramiento norcoreano en el conflicto no es reciente. Según la Agencia de Inteligencia de Defensa de Corea del Sur, más de 16.000 soldados norcoreanos han sido enviados a Rusia desde octubre de 2024, y una parte importante de ellos habría sufrido bajas entre muertos y heridos. Esta cooperación comenzó a adquirir una dimensión mucho mayor a finales de 2024 y posteriormente se extendió hacia nuevas áreas de apoyo militar y tecnológico.
Ucrania ofrece, sin embargo, una estimación más amplia sobre los movimientos recientes. El general de división Vadym Skibitsky, subdirector de la Inteligencia de Defensa ucraniana, afirmó que alrededor de 8.500 nuevos efectivos norcoreanos se encuentran actualmente en Rusia, principalmente en la región de Kursk. Según esa evaluación, el contingente no estaría destinado, por ahora, a combatir directamente dentro de Ucrania, sino a reforzar posiciones rusas en la retaguardia y permitir que soldados rusos sean liberados para otras operaciones.
Uno de los elementos que más atención ha despertado es la presencia de unos 400 operadores de drones dentro de ese contingente. De acuerdo con Skibitsky, estos especialistas podrían realizar tareas de reconocimiento y eventualmente emplear drones capaces de alcanzar objetivos dentro de Ucrania. Su presencia también permitiría a Corea del Norte adquirir experiencia práctica en una de las tecnologías que se ha convertido en un componente decisivo de la guerra moderna.
A los operadores de drones se sumarían alrededor de 1.000 efectivos especializados en ingeniería y desminado, según la información difundida por la inteligencia ucraniana. La combinación de personal de apoyo, especialistas técnicos y operadores de sistemas no tripulados apunta a una utilización de las fuerzas norcoreanas que va más allá del simple envío de soldados de infantería para reforzar el frente ruso.
El territorio de Kursk adquiere particular importancia en esta operación. Las fuerzas norcoreanas ya habían participado anteriormente en actividades vinculadas con drones de reconocimiento y sistemas FPV junto a tropas rusas en esa región. Analistas del Institute for the Study of War consideran que esta experiencia puede proporcionar a Pyongyang conocimientos tácticos y tecnológicos de gran valor para sus propias fuerzas armadas, especialmente en materia de guerra con drones.
El intercambio militar tampoco se limita al personal. Corea del Sur estima que Corea del Norte ha suministrado a Rusia más de 15 millones de proyectiles de artillería equivalentes al calibre de 152 milímetros, además de sistemas de misiles balísticos de corto alcance. Seúl sostiene que algunas de las armas norcoreanas empleadas en la guerra podrían haber mejorado su precisión gracias a la experiencia obtenida en el campo de batalla y al posible asesoramiento técnico ruso.
La relación también podría estar proporcionando beneficios tecnológicos a Pyongyang. La inteligencia surcoreana considera que los datos obtenidos mediante el empleo de armamento norcoreano en la guerra pueden ayudar al régimen a perfeccionar sus sistemas de ataque. Analistas estadounidenses señalan igualmente que los soldados enviados a Rusia están obteniendo conocimientos sobre nuevas tecnologías militares, particularmente en el ámbito de los drones, una experiencia que podría ser utilizada posteriormente en la península coreana.
Mientras tanto, la dimensión de la cooperación Moscú-Pyongyang continúa aumentando en un momento de fuertes tensiones en Asia. El 20 de agosto, Corea del Norte lanzó aproximadamente diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón, pocos días después de que Estados Unidos y Corea del Sur redujeran el alcance de sus ejercicios militares. El episodio demuestra que Pyongyang mantiene simultáneamente una intensa agenda de desarrollo armamentístico y una creciente cooperación estratégica con Rusia.
El escenario plantea una preocupación adicional para Kiev: que la experiencia adquirida por las tropas norcoreanas en Rusia termine fortaleciendo las capacidades militares de Pyongyang. Para Ucrania, la llegada de operadores de drones representa una posible ampliación de las capacidades rusas; para Corea del Sur, el problema es todavía más estratégico, porque los conocimientos obtenidos en la guerra podrían regresar posteriormente a las fuerzas norcoreanas y ser aplicados en un eventual conflicto en la península.
Por ahora, la principal conclusión de la inteligencia surcoreana es que no existe evidencia de un nuevo despliegue inminente, pero tampoco se descarta una ampliación de la participación norcoreana. La presencia de miles de soldados, operadores de drones y especialistas en territorio ruso, junto con el suministro masivo de municiones y misiles, demuestra que la asociación entre Kim Jong-un y Vladímir Putin continúa profundizándose. La posibilidad de nuevas solicitudes de tropas durante un eventual encuentro entre ambos líderes en septiembre mantiene abierta una de las incógnitas militares más importantes de la guerra en Ucrania.