GAZA.— La violencia volvió a colocar en una situación delicada los esfuerzos internacionales para poner fin al conflicto en Gaza. Turquía, Egipto y Catar, países que participan como mediadores, denunciaron este jueves los recientes ataques israelíes y reclamaron el cumplimiento de las obligaciones establecidas en el acuerdo de alto el fuego.
La advertencia llega mientras las conversaciones atraviesan una etapa especialmente complicada. Los tres gobiernos consideran que el incremento de las operaciones militares puede provocar una nueva escalada y dificultar todavía más la implementación del plan respaldado por Estados Unidos para avanzar hacia una solución duradera en el enclave palestino.
De acuerdo con Reuters, los ataques registrados desde el martes han dejado al menos 16 palestinos muertos, según fuentes médicas locales. La agencia AP, por su parte, reportó al menos 17 fallecidos durante dos días de bombardeos, mientras Israel sostiene que sus operaciones estuvieron dirigidas contra integrantes y comandantes de Hamás.
El problema central de las negociaciones continúa siendo el orden en que deberían ejecutarse las principales medidas del acuerdo. Israel exige el desarme completo de Hamás antes de concretar una retirada militar, mientras Hamás sostiene que el retiro israelí y el cumplimiento del alto el fuego deben preceder a cualquier proceso de desarme.
La reciente misión diplomática estadounidense tampoco consiguió desbloquear las diferencias. Jared Kushner, enviado de Donald Trump, mantuvo contactos con representantes de Hamás en Egipto y posteriormente se reunió con funcionarios israelíes, pero no consiguió garantías suficientes para superar el estancamiento. Las conversaciones derivaron en la creación de grupos de trabajo sobre seguridad y asuntos humanitarios.
En paralelo, el liderazgo de Hamás ha planteado que cualquier avance hacia la entrega de sus armas debe estar acompañado por compromisos claros de Israel. Khalil al-Hayya, quien asumió recientemente como principal dirigente de Hamás, ha desempeñado un papel central en los contactos con los mediadores y con representantes estadounidenses.
Para Turquía, Egipto y Catar, el desafío inmediato consiste en impedir que los enfrentamientos terminen debilitando por completo el alto el fuego. En una declaración conjunta, los tres países pidieron a Israel cumplir sus compromisos y exhortaron a la comunidad internacional y al denominado Board of Peace, respaldado por Trump, a ejercer presión para evitar una nueva escalada.
La dimensión humanitaria agrega presión a unas negociaciones que avanzan con dificultad. AP señala que, desde el inicio de la guerra, las autoridades sanitarias de Gaza reportan más de 73.400 palestinos muertos, mientras que los ataques posteriores al alto el fuego también han causado un número significativo de víctimas. Israel, entretanto, mantiene que sus operaciones buscan neutralizar amenazas de Hamás.
La disputa no se limita al desarme. También permanecen pendientes cuestiones relacionadas con la retirada israelí, la administración futura de Gaza y la reconstrucción del territorio, asuntos que los negociadores han tratado de encajar dentro de una implementación gradual del plan de paz.
El escenario se volvió aún más complejo después de que Netanyahu mantuviera una posición firme respecto a las condiciones para una retirada. Según medios internacionales, el primer ministro israelí considera indispensable eliminar las capacidades militares de Hamás antes de avanzar hacia etapas posteriores del acuerdo, una postura que choca directamente con las exigencias del grupo palestino.
Mientras tanto, los mediadores intentan preservar un espacio para la negociación pese a la continuidad de los ataques. Egipto y Catar han mantenido durante años un papel destacado en los contactos indirectos entre Israel y Hamás, mientras Turquía se ha incorporado al actual esfuerzo diplomático para intentar destrabar la segunda fase del plan.
Por ahora, la advertencia de los tres países refleja la fragilidad del proceso: la diplomacia intenta avanzar mientras sobre el terreno persisten las operaciones militares. El futuro del alto el fuego dependerá de si Israel y Hamás logran superar sus diferencias sobre desarme, retirada y seguridad, mientras Estados Unidos y los mediadores buscan evitar que la nueva escalada termine sepultando las negociaciones.