Un nuevo y serio escalamiento en el conflicto entre Pakistán y las fuerzas talibanes afganas se registró este 26 de febrero de 2026, cuando la Fuerza Aérea de Pakistán llevó a cabo ataques aéreos dirigidos a instalaciones militares del Talibán en ciudades como Kabul, Kandahar, Paktia y Nangarhar.
La operación, denominada Ghazab lil‑Haq por las autoridades pakistaníes, fue descrita por funcionarios como una respuesta a agresiones transfronterizas y ataques previos de milicianos contra objetivos dentro del territorio paquistaní.
Desde Islamabad se declaró que los bombardeos fueron parte de maniobras precisas y basadas en inteligencia contra campamentos, depósitos de municiones y puestos talibanes, señalando haber destruido al menos 16 puestos y capturado otros siete.
Las autoridades de Pakistán también afirmaron que 72 combatientes talibanes murieron y más de 120 resultaron heridos en los ataques, incluidos objetivos en la capital afgana, aunque estas cifras no han sido confirmadas de manera independiente.
Por su parte, portavoces del régimen talibán han rechazado las cifras oficiales de Islamabad y negado muertes en Kabul, calificando los bombardeos como violaciones de la soberanía afgana.
El ascenso de la violencia se ha enmarcado dentro de tensiones más amplias en la frontera entre Pakistán y Afganistán, donde ambos países han intercambiado acusaciones de ataques y fuego cruzado en días recientes.
La comunidad internacional observa con preocupación la situación, ya que un mayor deterioro de la seguridad en la región podría tener impactos humanitarios y riesgos de escalada. En algunas zonas fronterizas ya se habrían registrado intercambios de artillería y movimientos de tropas.
Hasta el momento, no se ha reportado una posición oficial de terceros países o de organismos multilaterales, aunque se espera que en las próximas horas se emitan declaraciones sobre la necesidad de contener el conflicto y evitar más pérdidas.