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Casa Blanca evalúa castigos a aliados de la OTAN en medio de tensiones por guerra con Irán
Una presunta lista elaborada en la Casa Blanca para clasificar a aliados de la OTAN como “buenos” o “malos” intensifica las tensiones entre Estados Unidos y Europa, en medio de la guerra contra Irán y las exigencias de mayor gasto en defensa.
Por Administrador
Publicado en 22/04/2026 19:13
Mundo

La Administración del presidente Donald Trump habría diseñado un mecanismo interno para clasificar a los países miembros de la OTAN según su nivel de compromiso con la alianza y su respaldo a la ofensiva militar contra Irán, de acuerdo con reportes citados por el medio Politico.

Según fuentes europeas y estadounidenses, el documento —aún no oficial— funcionaría como una especie de lista de “buenos y malos” aliados, lo que refleja el creciente malestar de Washington frente a lo que considera una distribución desigual de cargas dentro del bloque militar.

La información, atribuida a diplomáticos europeos y a un funcionario del Departamento de Defensa de Estados Unidos, señala que el ranking evalúa tanto el gasto en defensa de cada país como su postura frente a la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán.

Aunque no se ha confirmado la implementación de medidas concretas, se especula que la Casa Blanca podría optar por reducir el despliegue de tropas, cancelar ejercicios militares conjuntos o restringir la venta de armamento a los aliados considerados menos comprometidos.

La postura de Trump respecto a la OTAN no es nueva. Desde antes del conflicto en Medio Oriente, el mandatario había insistido en que los países miembros incrementaran su gasto en defensa hasta el 5% de su Producto Interno Bruto, una exigencia que generó fricciones dentro de la alianza.

Uno de los choques más visibles ocurrió con el gobierno de Pedro Sánchez, que rechazó fijar ese nivel de gasto y se ha posicionado como una de las voces más críticas frente a la estrategia estadounidense.

España, junto a otras potencias europeas como Reino Unido, Francia e Italia, también ha mostrado reservas frente a la guerra contra Irán, negándose en algunos casos a facilitar el uso de bases militares para operaciones vinculadas al conflicto.

Incluso la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, considerada en su momento cercana a Trump, ha evidenciado distanciamiento en este contexto geopolítico.

El desacuerdo también se extiende a las maniobras impulsadas por Washington para presionar a Irán a reabrir completamente el estratégico Estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio energético global.

Desde la Casa Blanca, la vocera Anna Kelly afirmó que Estados Unidos no olvidará la falta de respaldo de algunos aliados durante la denominada “Operación Furia Épica”, nombre asignado por el Pentágono a la campaña militar contra Irán.

En contraste, figuras del propio entorno republicano han advertido sobre los riesgos de deteriorar las alianzas tradicionales. El senador Roger Wicker subrayó que las relaciones internacionales de Estados Unidos generan beneficios estratégicos, políticos y morales que no deben ser subestimados.

Dentro de la lógica de premios y castigos, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya había anticipado en diciembre pasado que los aliados que cumplan con sus compromisos recibirán un trato preferencial.

Entre los países mejor posicionados en este esquema figuran Polonia, Corea del Sur, Israel y varias naciones bálticas, reconocidas por aumentar su inversión en defensa y alinearse con las prioridades de Washington.

Asimismo, países como Rumania y Bulgaria podrían beneficiarse por haber facilitado el uso de sus infraestructuras militares para operaciones logísticas en Medio Oriente.

Sin embargo, analistas advierten que abrir un nuevo frente de tensión con Europa podría resultar contraproducente para la propia Administración Trump, especialmente en medio de un conflicto activo.

El exfuncionario finlandés Joel Linnainmäki consideró que Washington podría carecer de capacidad para sostener simultáneamente una confrontación diplomática con sus aliados europeos y la guerra en curso.

Expertos académicos también han identificado un cambio en la concepción estadounidense de las alianzas internacionales. De acuerdo con un análisis publicado por The Conversation, la visión de Trump se caracteriza por un enfoque más transaccional que el de sus predecesores.

Este enfoque ha debilitado la cohesión de la OTAN y ha provocado múltiples disputas, incluyendo propuestas controvertidas como la intención de Estados Unidos de adquirir Groenlandia, lo que tensó las relaciones con Dinamarca y la Unión Europea.

A pesar de las amenazas recurrentes de Trump de abandonar la OTAN, expertos coinciden en que una decisión de esa magnitud requeriría la aprobación del Congreso estadounidense, lo que limita su viabilidad en el corto plazo.

Además, la opinión pública estadounidense tampoco respalda mayoritariamente esa opción. Encuestas recientes indican que solo una minoría de ciudadanos apoyaría una eventual salida de la alianza.

En paralelo, la incertidumbre sobre la política exterior de Washington ha generado preocupación en Europa, donde líderes advierten sobre la dependencia militar del continente respecto a Estados Unidos y la necesidad de fortalecer su propia capacidad de defensa.

El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, reconoció que la industria militar estadounidense podría tardar varios años en reponer los recursos utilizados en la guerra contra Irán, lo que obliga a Europa a acelerar su producción.

Kubilius también destacó la dependencia europea en áreas clave como inteligencia, transporte estratégico y sistemas de mando, lo que evidencia los desafíos estructurales que enfrenta la OTAN en el actual escenario.

En este contexto, el futuro de la alianza transatlántica permanece incierto, marcado por tensiones internas, cambios en el liderazgo estadounidense y un entorno geopolítico cada vez más volátil.

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