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135 años del Partido Liberal de Honduras: Nasralla, el ciclo electoral de 2025 y el desafío de reconstruir credibilidad en tiempos de incertidumbre
A 135 años de su fundación, el Partido Liberal de Honduras reflexiona sobre su papel histórico, el impacto del proceso electoral de 2025 y los desafíos que enfrenta para redefinir su rumbo político.
Por Administrador
Publicado en 05/02/2026 11:11
CRITERIO PROPIO -ALEX ESPINAL

El Partido Liberal de Honduras (PLH) conmemora su 135 aniversario en un contexto marcado por profundas tensiones políticas, redefiniciones estratégicas y un proceso electoral, el de 2025, que dejó lecciones difíciles pero inevitables. La efeméride encuentra al liberalismo no solo revisando su pasado histórico, sino enfrentando los efectos de una apuesta política audaz: la incorporación de un liderazgo externo que aportó un caudal de votos sin precedentes en la era democrática reciente, pero cuya inestabilidad política terminó erosionando expectativas y cohesión interna.

Este aniversario, más que un acto simbólico, obliga a evaluar con rigor el periodo preelectoral, el desarrollo de la campaña y el escenario postelectoral, incluyendo factores internos y externos que influyeron decisivamente en el resultado.

En la etapa previa a las elecciones de 2025, el Partido Liberal tomó una de las decisiones más trascendentales de su historia reciente al respaldar la candidatura presidencial de Salvador Nasralla. La apuesta era clara: capitalizar su alta recordación, su narrativa anticorrupción y su capacidad de movilizar voto independiente y urbano, sectores tradicionalmente esquivos para el liberalismo clásico.

El efecto inicial fue contundente. Nasralla logró sumar al PLH un caudal de votos que no se registraba desde hacía décadas, reactivando la esperanza de convertir al partido en una fuerza verdaderamente competitiva a nivel nacional. Sin embargo, esta ganancia electoral vino acompañada de un costo político: la percepción ciudadana de posturas ideológicas cambiantes, alianzas contradictorias y mensajes políticos poco consistentes terminó debilitando su liderazgo como figura de certidumbre.

Para amplios sectores del electorado, Nasralla representó más una plataforma personal que un proyecto político estructurado, lo que afectó la credibilidad del Partido Liberal como organización con visión de largo plazo.

Durante el proceso electoral, el Partido Liberal mostró una vitalidad inédita en años recientes. La campaña logró romper inercias, movilizar juventudes y atraer votantes desencantados tanto del oficialismo como de los partidos tradicionales. En términos cuantitativos, el resultado fue significativo: el liberalismo recuperó centralidad electoral.

No obstante, en términos cualitativos, el liderazgo de Nasralla se fue desgastando conforme avanzaba la campaña. Sus giros discursivos, las ambigüedades frente a temas clave —percepción real o no de su presunta relación con el gobierno saliente, política exterior, modelo económico— y la dificultad para consolidar una narrativa coherente generaron dudas incluso entre sus propios aliados.

El Partido Liberal resistió electoralmente gracias a su estructura territorial y a su marca histórica, pero quedó claro que el caudal de votos no se tradujo automáticamente en un liderazgo sólido ni en una identidad política clara para el futuro.

A este escenario se sumó un elemento externo de alto impacto: la intervención política indirecta del presidente estadounidense Donald Trump en los días previos a las elecciones del 30 de noviembre de 2025. Sus declaraciones, señales diplomáticas y mensajes dirigidos a la región influyeron en el clima político hondureño, particularmente en un contexto de alta sensibilidad frente a temas como migración, seguridad y estabilidad institucional.

Para una parte del electorado, la percepción de que Washington observaba con atención el rumbo político de Honduras influyó en la intención de voto, reforzando temores sobre sanciones, aislamiento o presión internacional. Este factor contribuyó a consolidar el voto conservador y a desincentivar opciones percibidas como inciertas o políticamente volátiles.

El liberalismo, atrapado entre la figura disruptiva de Nasralla y un entorno internacional cargado de mensajes contradictorios, no logró capitalizar plenamente ese momento crítico.

Tras las elecciones, el Partido Liberal quedó con un saldo ambiguo. Por un lado, demostró que sigue siendo una fuerza electoral relevante, capaz de competir y atraer votantes más allá de su base tradicional. Por otro, evidenció una crisis de identidad profunda: ¿es el PLH un partido con proyecto propio o una plataforma coyuntural para liderazgos externos?

La erosión del liderazgo de Nasralla dejó al partido ante la necesidad urgente de reconstruir cohesión interna, redefinir su discurso y asumir una autocrítica real sobre la estrategia seguida.

A 135 años de su fundación, el Partido Liberal de Honduras enfrenta una decisión histórica. El ciclo electoral de 2025 demostró que el partido aún puede ser competitivo, pero también que el éxito electoral sin coherencia política es frágil y efímero.

El desafío hacia adelante consiste en transformar el capital electoral acumulado en un proyecto programático estable, con liderazgo colectivo, claridad ideológica y capacidad de ofrecer gobernabilidad. Sin ello, el liberalismo corre el riesgo de depender nuevamente de figuras individuales, repitiendo un ciclo de expectativas altas y decepciones rápidas.

La historia del Partido Liberal le otorga legitimidad; el presente le exige coherencia; y el futuro le demandará valentía para reinventarse sin perder su esencia. En este 135 aniversario, el liberalismo no celebra solo su pasado: se enfrenta, una vez más, a la prueba de su supervivencia política.

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