Durante un año completo, equipos técnicos del Banco Central de Honduras (BCH) y del Instituto Nacional de Estadística (INE) recorrieron el país de extremo a extremo para levantar la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2023–2024, un estudio clave que abarcó 8,746 hogares en zonas urbanas y rurales.
El levantamiento de datos incluyó desde barrios densamente poblados hasta comunidades rurales dispersas, permitiendo construir una fotografía representativa de las condiciones de vida, la composición familiar y las dinámicas económicas de los hogares hondureños.
Entre los principales resultados, la ENIGH estima que en Honduras existen aproximadamente 2.6 millones de hogares, de los cuales el 57.6% se ubican en áreas urbanas y el 42.4% en zonas rurales, confirmando el crecimiento sostenido de la población urbana sin desplazar el peso histórico del campo.
El tamaño promedio del hogar es de 3.7 personas, aunque con ligeras variaciones: 3.6 en las ciudades y 3.9 en el área rural, una diferencia que refleja estructuras familiares algo más amplias fuera de los centros urbanos.
El estudio también revela quiénes encabezan los hogares. A nivel nacional, el 62.7% tiene como jefe a un hombre, proporción que se eleva al 68.8% en el área rural, mientras que en las ciudades se registra una mayor participación femenina como jefas de hogar.
En cuanto a la edad, quienes lideran los hogares tienen en promedio 48.4 años, aunque existen contrastes por sexo: los hombres jefes de hogar promedian 47.2 años, frente a 50.4 años en el caso de las mujeres, un dato que invita a reflexionar sobre trayectorias de vida, responsabilidades familiares y condiciones de inserción laboral.
Desde el enfoque económico, la ENIGH muestra que a octubre de 2023 la Población en Edad de Trabajar (PET) alcanzaba los 6.8 millones de personas, cerca del 70% de la población total del país, lo que evidencia un amplio potencial productivo.
No obstante, la participación laboral revela una brecha estructural: mientras la tasa nacional es de 65.8%, al desagregar por sexo se observa un 83.3% en los hombres frente a apenas 50.9% en las mujeres, diferencia que se acentúa en el área rural y entre mujeres con menor escolaridad, donde persisten barreras vinculadas al cuidado no remunerado y a la limitada oferta de empleo.