En una de las ofensivas más contundentes registradas en los últimos meses, Rusia lanzó durante la madrugada un ataque coordinado contra múltiples regiones de Ucrania utilizando más de 650 drones y un número aún no precisado de misiles balísticos y de crucero. La magnitud del bombardeo provocó apagones generalizados, daños significativos en la infraestructura eléctrica y afectaciones en áreas próximas a plantas nucleares, lo que elevó de inmediato las alarmas dentro y fuera del país.
Las autoridades ucranianas informaron que los sistemas de defensa aérea estuvieron activos durante horas en varios frentes, mientras equipos de emergencia trabajaban para restablecer servicios esenciales. Sin embargo, la dimensión del ataque dejó zonas enteras sin electricidad, afectando hospitales, redes de transporte y comunicaciones.
El ataque marca un nuevo nivel de escalada en la guerra que ha transformado la seguridad del continente europeo. Analistas internacionales coinciden en que el uso masivo de drones kamikaze, combinados con misiles de alta precisión, forma parte de una estrategia rusa orientada a desestabilizar la seguridad energética de Ucrania en pleno invierno, cuando la población depende de manera crítica del suministro eléctrico.
Gobiernos de Europa y organismos internacionales expresaron profunda preocupación por el impacto del ataque en instalaciones sensibles, advirtiendo que cualquier daño directo a una planta nuclear podría desencadenar una emergencia de escala continental. La OTAN, por su parte, calificó el ataque como “irresponsable” y subrayó que la seguridad civil en Ucrania se encuentra en uno de sus puntos más vulnerables desde el inicio de la invasión.
Mientras tanto, Kiev reiteró su llamado a reforzar los sistemas de defensa aérea y a acelerar la ayuda militar prometida por sus aliados, argumentando que ataques de esta magnitud no solo buscan quebrar la infraestructura, sino también la moral de la población.
El panorama sigue siendo incierto. A medida que Ucrania evalúa los daños y Rusia mantiene silencio sobre sus objetivos específicos, crece la presión diplomática global para frenar una escalada que amenaza con desbordar las fronteras del conflicto.