El Caribe vuelve a situarse en el centro del tablero geopolítico. En un mensaje publicado en su red social Truth Social, el presidente estadounidense Donald Trump aseguró el sábado que el espacio aéreo de Venezuela está “completamente cerrado”, una declaración que llega en plena intensificación de la presencia militar de Estados Unidos en la región y en medio del aislamiento aéreo que atraviesa el país sudamericano.
La advertencia del mandatario —dirigida a aerolíneas, pilotos y “traficantes”— se produce mientras Washington despliega una de las operaciones navales más grandes de las últimas décadas en el Caribe, bajo el paraguas de la lucha contra el narcotráfico. El portaaviones USS Gerald R. Ford, acompañado por cazas F-35, patrulla la zona como símbolo del músculo militar estadounidense en un momento de extrema fricción con Caracas.
La tensión no nació con la publicación presidencial. Días antes, el 22 de noviembre, la Administración Federal de Aviación (FAA) había sugerido a las aerolíneas internacionales extremar precauciones al sobrevolar territorio venezolano debido al “deterioro de las condiciones de seguridad”. Ese aviso fue el primer dominó en caer.
La respuesta del sector aéreo no tardó. Siete aerolíneas —Avianca, TAP Air Portugal, Gol, Iberia, Turkish Airlines, Latam Colombia y Air Europa— suspendieron vuelos hacia Caracas ante la incertidumbre militar. La decisión dejó miles de pasajeros varados y un país aún más aislado del mundo. En reacción, Nicolás Maduro lanzó un ultimátum de 48 horas para que las compañías retomaran operaciones, plazo que venció el 26 de noviembre sin que ninguna aeronave regresara. El Gobierno venezolano les retiró las concesiones y las acusó de alinearse con una supuesta “operación de terrorismo” promovida por Estados Unidos.
La escalada verbal avanzó en paralelo a la militar. Trump, durante una llamada por el Día de Acción de Gracias, dejó entrever la posibilidad de iniciar operaciones terrestres “muy pronto” contra bandas de narcotráfico en Venezuela, pese a no haber presentado evidencia de las acusaciones. Según el presidente, al menos 21 ataques ordenados por su administración contra “narcolanchas” en el Caribe habrían sido “exitosos”, operaciones que organizaciones de derechos humanos cuestionan como posibles ejecuciones extrajudiciales que suman más de 80 muertos desde septiembre.
La mezcla de advertencias aéreas, presión militar y sanciones implícitas sobre aerolíneas internacionales dibuja un escenario volátil. Venezuela, desconectada desde los cielos y rodeada por buques de guerra en una de las zonas más transitadas del hemisferio, enfrenta un clima de incertidumbre que alimenta el riesgo de que la crisis diplomática evolucione en un conflicto de mayores dimensiones.
Mientras tanto, las capitales de la región observan con atención. El cierre del cielo venezolano, las acusaciones cruzadas y el despliegue militar no solo afectan a Caracas y Washington: modifican rutas comerciales, alteran operaciones aéreas y tensan aún más un Caribe donde cada movimiento es leído como una señal política de gran alcance.