Nueva York.— La guerra entre Estados Unidos e Irán entró este martes en una jornada marcada por mensajes contrapuestos: mientras Washington mantiene sobre la mesa la posibilidad de nuevas acciones militares, representantes estadounidenses e iraníes retomaron contactos diplomáticos en los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas. El presidente Donald Trump confirmó que sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner participaron en una reunión que, según su versión, se prolongó durante tres horas y fue “muy buena”.
El encuentro constituye el contacto de mayor nivel conocido entre las dos partes desde el fracaso del entendimiento provisional alcanzado en junio. Medios estatales iraníes confirmaron que el ministro de Exteriores, Abás Aragchí, encabezó la representación de Teherán y presentó las condiciones iraníes para reabrir el estrecho de Ormuz. Entre esas exigencias figuran el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, la devolución de activos iraníes congelados y el fin de las operaciones militares en los distintos frentes del conflicto.
La posición iraní incluye además un plazo concreto. Un alto funcionario de Teherán dijo a Reuters que Irán podría reabrir el estrecho de Ormuz en un período de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos iraníes. La vía marítima es estratégica para el mercado mundial porque por ella transita una parte significativa del petróleo y gas comercializado internacionalmente.
La actividad diplomática, sin embargo, convivió con un discurso de fuerte presión por parte de Trump. Ante la Asamblea General, el presidente estadounidense volvió a plantear que Teherán debe aceptar un acuerdo relacionado con su programa nuclear y la apertura de Ormuz, mientras advirtió de consecuencias extremas si no se alcanza un entendimiento. Associated Press informó que Trump defendió ante los líderes mundiales su decisión de iniciar la guerra y, al mismo tiempo, dejó abierta la posibilidad de una salida negociada.
El propio Trump señaló posteriormente que está prevista otra ronda de contactos “en un futuro próximo”. Según reportes de medios que siguieron las conversaciones, Catar participó como mediador y facilitador del diálogo, mientras otros países de la región, entre ellos Arabia Saudí, Egipto, Pakistán y Turquía, han respaldado esfuerzos diplomáticos para encontrar una salida al conflicto.
El estrecho de Ormuz se ha convertido así en uno de los principales puntos de negociación. Para Teherán, su eventual reapertura está vinculada a concesiones estadounidenses; para Washington y sus aliados, mantener abiertas las rutas energéticas es una prioridad económica y estratégica. La incertidumbre sobre el tránsito marítimo ha contribuido además a la volatilidad de los precios internacionales del petróleo.
La crisis tampoco se limita al Golfo Pérsico. La situación en torno a la península arábiga y los enfrentamientos relacionados con los rebeldes hutíes en Yemen fueron abordados por Trump durante una reunión con dirigentes de países del Golfo y otras naciones de Oriente Próximo. De acuerdo con los reportes de la jornada, Washington también analiza con sus socios regionales mecanismos para reducir la vulnerabilidad de las rutas energéticas frente a las interrupciones provocadas por el conflicto.
Por el momento, las señales procedentes de Nueva York no permiten establecer si los contactos desembocarán en un nuevo acuerdo. Washington mantiene una combinación de presión militar, exigencias sobre el programa nuclear iraní y disposición al diálogo, mientras Teherán condiciona la reapertura de Ormuz y la continuidad de las negociaciones a determinadas concesiones estadounidenses. La próxima ronda anunciada podría determinar si los contactos de la Asamblea General constituyen el comienzo de una negociación más amplia o solamente otro intento de reducir temporalmente la escalada.