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Nepal enfrenta una tragedia sin precedentes: más de 800 muertos y miles de desaparecidos tras la devastadora riada
La emergencia provocada por una avalancha de hielo y rocas que desencadenó una gigantesca riada en la frontera entre Nepal y el Tíbet entra en una fase crítica. El último balance conocido eleva a más de 800 las víctimas mortales y mantiene a miles de personas desaparecidas, mientras las lluvias, los deslizamientos y el deterioro de las carreteras dificultan las labores de rescate.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 30/08/2026 17:06
Mundo

La tragedia que golpeó al Himalaya el pasado 26 de agosto continúa dejando un escenario de destrucción en Nepal y el Tíbet chino. Una riada repentina, asociada al colapso de una masa glaciar y a un gigantesco flujo de lodo, rocas y agua, arrasó comunidades, carreteras, puentes, instalaciones fronterizas y proyectos hidroeléctricos en ambos lados de la frontera. El desastre se ha convertido en una carrera contrarreloj para localizar a miles de personas cuyo paradero todavía se desconoce. 

El balance de víctimas continúa aumentando conforme los equipos de emergencia logran acceder a zonas que permanecieron aisladas. Reportes difundidos este domingo sitúan en al menos 804 los fallecidos, mientras que más de 3.000 personas permanecen desaparecidas entre Nepal y el Tíbet, aunque las cifras varían según el momento y la fuente debido a las dificultades para identificar los cuerpos y establecer cuántas personas siguen incomunicadas. 

En Nepal, la magnitud de la emergencia ha obligado incluso a recurrir a entierros temporales de víctimas que todavía no han podido ser identificadas. En el distrito de Chitwan, las autoridades comenzaron a sepultar cuerpos recuperados debido a la falta de espacio en hospitales y morgues y al avanzado estado de descomposición de algunos cadáveres. Se están tomando muestras de ADN y registrando los lugares de sepultura para facilitar posteriormente la identificación y entrega de los restos a sus familiares. 

Uno de los mayores desafíos continúa siendo la localización de las personas desaparecidas. Entre ellas figuran trabajadores de instalaciones hidroeléctricas, residentes de comunidades montañosas y ciudadanos extranjeros que se encontraban en la región por motivos turísticos o religiosos. Días después de la catástrofe, las autoridades nepalíes reportaban miles de desaparecidos, mientras equipos de rescate trataban de llegar hasta túneles y zonas de difícil acceso donde podría haber sobrevivientes. 

La violencia de la corriente dejó además una huella profunda sobre la infraestructura. Puentes fueron destruidos, carreteras quedaron sepultadas bajo toneladas de sedimentos y varios proyectos de generación hidroeléctrica resultaron afectados. En la zona fronteriza, el complejo de Gyirong quedó prácticamente devastado, interrumpiendo una de las principales conexiones comerciales entre Nepal y China y complicando todavía más el ingreso de ayuda a las comunidades afectadas. 

La emergencia también ha alcanzado a miles de niños. UNICEF estima que más de 17.000 menores necesitan asistencia humanitaria urgente, mientras escuelas y servicios básicos han sufrido daños en las zonas golpeadas. La organización solicitó 17,2 millones de dólares para financiar la respuesta de emergencia y las primeras acciones de recuperación frente a una crisis que amenaza con prolongarse durante las próximas semanas. 

Mientras continúa la búsqueda, las condiciones meteorológicas representan un peligro adicional para los propios rescatistas. Nuevas lluvias han provocado aumentos en los niveles de los ríos y las autoridades han emitido advertencias ante la posibilidad de nuevas inundaciones repentinas. Los deslizamientos, la niebla, los caminos destruidos y la presencia de lagos represados por los escombros mantienen el riesgo de nuevos desbordamientos en distintos sectores del Himalaya. 

La dimensión internacional de la tragedia también crece. Entre los desaparecidos se encuentran ciudadanos de varios países que viajaban por la región, incluidos peregrinos que se dirigían hacia Kailash Mansarovar, uno de los principales destinos religiosos del Himalaya. Estados Unidos, India y otros gobiernos han seguido de cerca la situación de sus ciudadanos, mientras India y China han aportado suministros y asistencia técnica relacionada con las operaciones de emergencia y la identificación de víctimas. 

Los primeros análisis científicos apuntan a que una avalancha de hielo y roca habría desencadenado el fenómeno que posteriormente convirtió los cauces de los ríos en corredores de destrucción. Especialistas han advertido que el calentamiento del Himalaya está debilitando glaciares y aumentando la inestabilidad de las zonas de alta montaña. Nepal ya ha perdido una parte significativa de su hielo glaciar durante las últimas décadas, una tendencia que incrementa la preocupación por futuros desastres relacionados con el derretimiento y colapso de masas de hielo. 

La recuperación, por tanto, no será únicamente una tarea de rescate. El Gobierno nepalí calcula que la reconstrucción podría requerir entre 4.000 y 5.000 millones de dólares, debido a la destrucción de infraestructura, viviendas, vías de comunicación y capacidad energética. La catástrofe también amenaza sectores fundamentales para la economía, como el turismo y el comercio fronterizo con China. 

A medida que los equipos continúan retirando lodo y escombros, miles de familias siguen esperando noticias de sus seres queridos. Para Nepal, la prioridad inmediata es encontrar sobrevivientes, recuperar e identificar a las víctimas y llevar asistencia a las comunidades aisladas; pero el desastre también deja una advertencia sobre la creciente vulnerabilidad de los territorios montañosos frente a fenómenos extremos. La emergencia permanece activa y las autoridades mantienen la vigilancia ante nuevas crecidas mientras continúa una de las operaciones de rescate más complejas registradas recientemente en la región.

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