La Habana, Cuba. Cuba se prepara para otra jornada marcada por los apagones, con una afectación simultánea que podría alcanzar hasta el 72 % de la isla durante las horas de mayor demanda, según las previsiones oficiales recopiladas por EFE. La magnitud del déficit vuelve a evidenciar el deterioro de un sistema eléctrico que lleva meses funcionando al límite de sus capacidades.
La situación resulta especialmente crítica al caer la tarde, cuando aumenta el consumo de electricidad en hogares, comercios y servicios. Para ese período, la estatal Unión Eléctrica (UNE) calcula que solo podrá disponer de 940 MW, mientras que la demanda podría ascender a 3.250 MW, dejando una brecha de 2.310 MW entre generación y necesidades.
El déficit previsto se traducirá en una afectación programada de aproximadamente 2.340 MW, es decir, electricidad que deberá ser desconectada deliberadamente para evitar un colapso desordenado de la red nacional. Cifras similares han sido registradas durante los últimos meses, con déficits que en algunas jornadas han superado los 2.000 MW.
La crisis dejó de ser un episodio ocasional y se convirtió en una emergencia estructural. Durante 2026 se han producido múltiples colapsos totales del Sistema Eléctrico Nacional, incluido uno registrado a comienzos de agosto, cuando toda la isla quedó a oscuras. Reuters señaló que ese apagón fue el cuarto de carácter nacional ocurrido en pocas semanas.
El problema tiene dos grandes componentes. Por un lado, las centrales termoeléctricas cubanas presentan décadas de explotación, averías y falta de inversiones suficientes. EFE ha documentado que esta generación representa aproximadamente el 40 % de la matriz eléctrica y que en diferentes momentos de 2026 la mitad o más de las 16 unidades disponibles han quedado fuera de servicio por averías o mantenimiento.
A esta debilidad se suma la paralización de buena parte de la generación distribuida, integrada principalmente por motores que utilizan diésel y fueloil. Esa fuente también representaba cerca del 40 % de la matriz, pero la falta de combustible importado ha reducido drásticamente su aporte al sistema. En junio, la UNE reportaba más de un centenar de centrales de generación distribuida fuera de servicio por falta de combustible.
El Gobierno cubano atribuye una parte fundamental del agravamiento de la emergencia a las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo. La pérdida del abastecimiento venezolano y la posterior reducción de otras fuentes externas dejaron a la isla con menos margen para alimentar sus plantas de generación.
Washington, en cambio, responsabiliza principalmente a La Habana por la situación de su sistema energético y cuestiona la administración estatal de la economía y de la infraestructura eléctrica. Esta disputa se ha convertido en uno de los principales puntos de confrontación entre ambos gobiernos en medio del endurecimiento de las medidas estadounidenses.
Más allá de la controversia política, el deterioro de las instalaciones es reconocido incluso por análisis independientes. EFE ha recogido estimaciones según las cuales Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para rehabilitar integralmente su sistema eléctrico, una inversión de enormes dimensiones para una economía que atraviesa una prolongada contracción.
La energía solar constituye uno de los pocos elementos que han permitido aliviar parcialmente la presión sobre la red durante las horas diurnas. Cuba ha incorporado decenas de parques fotovoltaicos, varios de ellos con apoyo de China; sin embargo, su capacidad todavía resulta insuficiente para compensar la pérdida de generación térmica y de los motores alimentados con combustibles fósiles. En junio, los parques solares llegaron a entregar más de 600 MW en determinados momentos.
Para la población, el impacto de esta crisis se traduce en jornadas enteras sin electricidad. Los cortes son especialmente prolongados fuera de La Habana, mientras que en la capital los sectores priorizados suelen recibir un trato diferente debido a la concentración de servicios esenciales y administrativos.
Los apagones también están golpeando la actividad económica. Negocios pequeños, restaurantes y comercios sufren pérdidas por la interrupción de sus operaciones y el deterioro de alimentos que requieren refrigeración. Reuters reportó casos de pequeños empresarios que han visto afectadas sus actividades por interrupciones que, en algunos barrios, reducen el suministro a apenas una o dos horas diarias.
La crisis energética ha comenzado además a tener consecuencias sociales y políticas. Las interrupciones prolongadas han provocado protestas espontáneas y cacerolazos en distintas localidades, aunque su magnitud todavía está lejos de las movilizaciones nacionales de julio de 2021. La electricidad se ha convertido así en uno de los principales detonantes del descontento ciudadano.
En términos de abastecimiento, Cuba necesita importar una parte considerable del petróleo que consume. Diversas estimaciones citadas por EFE sitúan las necesidades energéticas de la isla en algo más de 100.000 barriles diarios, mientras la producción nacional cubre solamente una fracción de ese volumen. El resto depende de proveedores externos y de la capacidad de La Habana para obtener divisas y combustible.
El escenario inmediato, por tanto, continúa siendo extremadamente complejo. Mientras el Gobierno intenta recuperar unidades averiadas, ampliar la generación solar y encontrar nuevas fuentes de combustible, la población enfrenta otra jornada de restricciones severas. La magnitud del déficit previsto para este viernes demuestra que Cuba no enfrenta simplemente un problema de apagones, sino una crisis estructural de generación, combustible, infraestructura e inversión cuya solución requeriría recursos que actualmente el país tiene grandes dificultades para movilizar.
