La excandidata presidencial por el Partido Libertad y Refundación, Rixi Moncada, volvió a la discusión pública tras cuestionar la forma en que fue construida la narrativa sobre su candidatura durante el proceso electoral.
En entrevista televisiva, sostuvo que su mensaje político fue objeto de interpretaciones y distorsiones a través de distintos intermediarios de comunicación.
Moncada señaló que estos actores, incluidos medios de comunicación, habrían influido en la forma en que la ciudadanía percibió su postura frente al sector privado.
Sus declaraciones se producen en un entorno político de alta polarización en Honduras, donde el debate entre actores políticos, empresariales y mediáticos se ha intensificado tras las elecciones de 2025 y mientras la imagen del actual presidente, Nasry Asfura, se debate en un profundo rechazo por las medidas altamente impopulares que ha adoptado en apenas 100 dias de gobierno.
El resultado electoral de ese proceso dejó a la oposición de Libre en una posición de reconfiguración interna, en medio de discusiones sobre estrategia, comunicación y relación con distintos sectores sociales.
En ese marco, las declaraciones de Moncada reabren el debate sobre cómo se construyen las narrativas políticas en campañas altamente mediáticas.
La dirigente insistió en que la complejidad de la comunicación política puede generar interpretaciones distintas del mensaje original cuando intervienen múltiples canales de difusión.
También sostuvo que existieron campañas de desinformación que afectaron la percepción de su candidatura en distintos segmentos de la opinión pública.
Analistas coinciden en que el caso refleja un fenómeno recurrente en la política hondureña: la disputa por el control del relato público en contextos de fuerte polarización.
El debate sobre el rol de los medios de comunicación vuelve a situarse en el centro de la discusión, especialmente en procesos electorales donde la narrativa pública influye en la percepción ciudadana.