Un promedio mensual de entre 20 y 25 mujeres asesinadas mantiene en alerta a los organismos de derechos humanos y a los centros de investigación en Honduras. Las cifras, que reflejan una problemática persistente, evidencian que la violencia contra las mujeres continúa siendo una de las crisis sociales más graves del país.
De acuerdo con datos proporcionados por Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en lo que va del presente año 2026 ya se contabilizan 26 muertes violentas de mujeres. La información fue detallada por su coordinadora, quien subrayó que la tendencia no muestra señales de disminución.
Ayestas señaló que cada año se repite el mismo patrón de violencia letal, y que el 2026 no parece marcar una diferencia. Calificó la situación como “lamentable”, especialmente porque muchos de los crímenes ocurren tanto en espacios públicos como dentro de los propios hogares de las víctimas.
La investigadora también cuestionó la falta de procesos de investigación científico-criminal que permitan esclarecer responsabilidades y motivaciones detrás de los asesinatos. Según explicó, la impunidad sigue siendo un factor que agrava el problema y debilita la confianza ciudadana en el sistema de justicia.
En cuanto a la distribución geográfica, los departamentos con mayor incidencia de feminicidios son Francisco Morazán, Cortés, Atlántida y Olancho. Estas zonas concentran históricamente altos índices de violencia, lo que también impacta en la seguridad de las mujeres.
A nivel municipal, el Distrito Central encabeza la lista de casos, seguido por San Pedro Sula, Choloma, La Ceiba, Juticalpa y Catacamas. Estas ciudades presentan mayores niveles de conflictividad y violencia estructural.
Sobre las causas, Ayestas explicó que el principal detonante está relacionado con dinámicas de poder. Indicó que muchos agresores actúan bajo la creencia de ejercer control absoluto sobre la vida de las mujeres, lo que deriva en actos extremos de violencia.
Además, detalló que en numerosos casos las víctimas habían sufrido previamente violencia física, psicológica o sexual. A estos factores se suman otras circunstancias como robos, violencia doméstica y riñas interpersonales, que terminan escalando hasta provocar la muerte.
