El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, concluyó este viernes su visita oficial a China y partió rumbo a Japón, en una gira asiática que se desarrolla en un momento de alta sensibilidad geopolítica en la región del Indo-Pacífico.
Durante su estancia en China, Starmer sostuvo encuentros con altos funcionarios del Gobierno chino, centrados en asuntos económicos, cooperación bilateral y el papel del Reino Unido en un escenario internacional cada vez más polarizado.
El traslado del líder británico a Japón coincide con un recrudecimiento de las tensiones entre Pekín y Tokio, especialmente por el futuro de Taiwán, un punto neurálgico que concentra intereses estratégicos, militares y comerciales de las principales potencias.
Para Londres, el viaje refleja su intención de mantener un delicado equilibrio: dialogar con China sin romper con sus aliados tradicionales en Asia, entre ellos Japón, socio clave en materia de seguridad y defensa.
Japón ha manifestado en reiteradas ocasiones su preocupación por la creciente presión militar de China sobre Taiwán, al considerar que cualquier alteración del statu quo tendría un impacto directo en la estabilidad regional y en sus propias rutas comerciales.
La visita de Starmer a Tokio busca reforzar la cooperación en comercio, tecnología y seguridad, en línea con la estrategia británica de ampliar su presencia diplomática y económica en el Indo-Pacífico tras el Brexit.
El tema de Taiwán se ha convertido en uno de los principales focos de fricción en Asia oriental, con implicaciones globales que van desde la cadena de suministro de semiconductores hasta el equilibrio militar entre Estados Unidos y China.
El recorrido de Starmer por China y Japón subraya el papel del Reino Unido como actor que intenta tender puentes en un escenario de rivalidades crecientes, donde cada gesto diplomático es observado con lupa por las potencias involucradas.