La república de Komi, ubicada en el norte de la parte europea de Rusia, atraviesa una severa ola de frío con temperaturas que rozan los 40 grados bajo cero, informó el Ministerio de Emergencias ruso en un comunicado oficial.
De acuerdo con los pronósticos, las zonas norte y sureste de Komi podrían registrar en los próximos días temperaturas extremas de entre −43 °C y −48 °C, valores muy por debajo de los promedios habituales para esta época del año.
Ante el descenso brusco del mercurio, las autoridades han recomendado a la población evitar salir de sus hogares si no es estrictamente necesario, haciendo especial énfasis en la protección de niños, adultos mayores y personas con problemas de salud.
El frío extremo ha transformado el paisaje de Komi en un territorio dominado por el silencio y la escarcha, donde el aire corta la respiración y cualquier exposición prolongada al exterior puede convertirse en un riesgo serio para la vida.
El Ministerio de Emergencias instó además a reforzar las medidas de seguridad en viviendas, sistemas de calefacción y transporte, advirtiendo que las fallas técnicas son más probables bajo condiciones térmicas tan severas.
Según los expertos, esta ola de frío anómalo comenzaría a perder intensidad a partir de la próxima semana, aunque las autoridades mantienen la vigilancia ante posibles fluctuaciones repentinas del clima.
El impacto del invierno no se limita a Komi. En Moscú, la capital rusa, se esperan temperaturas superiores a los −20 °C en los próximos días, tras una serie de intensas nevadas que cubrieron la ciudad con capas de nieve que superan los 60 centímetros.
Estos episodios extremos reflejan la dureza del invierno ruso y ponen nuevamente en el centro del debate la vulnerabilidad de las grandes ciudades y regiones del norte frente a fenómenos meteorológicos cada vez más intensos.