La recta final hacia las elecciones generales de Honduras entró este jueves en un nuevo capítulo de supervisión internacional con la reunión entre la candidata presidencial del Partido Libertad y Refundación (Libre), Rixi Moncada, y la Misión de Observación Electoral (MOE) de la Organización de Estados Americanos (OEA). El encuentro tuvo lugar en Tegucigalpa, a solo 72 horas de que los hondureños acudan a las urnas.
La delegación estuvo encabezada por Eladio Loizaga, excanciller de Paraguay y jefe de la misión, quien escuchó la evaluación de Moncada sobre el desarrollo del proceso electoral y los elementos que, a su criterio, definirán la jornada del próximo domingo. La reunión se llevó a cabo en un ambiente reservado, sin mayores detalles públicos por parte de la candidata.
En un comunicado breve, la MOE-OEA explicó que la cita tuvo como objetivo conocer la perspectiva de Moncada sobre el funcionamiento de las instituciones encargadas de organizar los comicios y sobre las garantías que existen para la transparencia del voto. La misión señaló que continuará sosteniendo reuniones con cada uno de los aspirantes presidenciales, así como con organizaciones civiles y autoridades electorales.
Los observadores internacionales destacaron que su presencia en el país busca evaluar el clima político, la integridad del proceso y el respeto a la voluntad del electorado. Subrayaron, además, que su labor es estrictamente técnica y que no responde a intereses partidarios ni a presiones de ningún sector.
La supervisión externa ha cobrado particular relevancia en los últimos días, luego de que se intensificaran las tensiones políticas y las acusaciones cruzadas sobre la organización de los comicios. La presencia de la MOE-OEA, afirmaron diplomáticos consultados, se perfila como un factor fundamental para aportar confianza en el conteo y transmisión de resultados.
Durante una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, convocada por Estados Unidos, una veintena de países hicieron un llamado contundente a que se respete el trabajo de las instituciones electorales hondureñas y se evite cualquier forma de injerencia política en el proceso. Los países miembros insistieron en que la estabilidad democrática del país depende del cumplimiento de las reglas y del reconocimiento del resultado por parte de todos los actores.
El mensaje fue directo: que sean los electores quienes definan sin presiones ni manipulaciones quién gobernará Honduras durante los próximos cuatro años. La expectativa ahora recae en cómo se desarrollará la jornada del domingo y en el rol que jugará el escrutinio internacional para garantizar la confianza pública en los resultados.