La operación israelí contra la infraestructura subterránea de Hezbolá alcanzó este jueves un nuevo punto de tensión en el sur del Líbano, donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron la destrucción de los túneles ubicados bajo la cresta de Ali al-Taher. El Ejército israelí afirmó que la infraestructura había sido utilizada como centro de mando, depósito de armamento y refugio para combatientes del movimiento respaldado por Irán.
La posición geográfica de Ali al-Taher convierte la operación en un movimiento militar de importancia estratégica. La elevación domina amplias zonas del sur libanés y, según Israel, los túneles permitían a Hezbolá preparar ataques contra comunidades y fuerzas israelíes. Reportes previos señalaron que la infraestructura subterránea llevaba aproximadamente dos décadas en construcción y que su planificación y financiamiento estuvieron vinculados a Irán.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Defensa, Israel Katz, presentaron la demolición como la culminación de una operación destinada a neutralizar definitivamente la capacidad de Hezbolá para utilizar ese complejo. Israel sostiene que con la destrucción de los túneles consolida además la denominada zona de seguridad que mantiene en el sur del Líbano.
La magnitud de la detonación también llamó la atención fuera del ámbito militar. El diario Financial Times reportó que la explosión del complejo subterráneo fue de tal intensidad que llegó a registrarse como un movimiento equivalente a un terremoto de magnitud 4,1. La operación se produjo después de semanas de combates y de labores israelíes para despejar los túneles y retirar a los combatientes que permanecían en ellos.
El episodio se desarrolla pese al marco de alto el fuego alcanzado previamente entre Israel y Hezbolá. La zona de Ali al-Taher ha continuado siendo uno de los principales puntos de disputa, mientras Estados Unidos intenta impulsar un acuerdo que contempla el desarme de Hezbolá y una mayor presencia del Ejército libanés. La continuidad de las operaciones israelíes demuestra que el cese de hostilidades no ha eliminado las tensiones militares en la frontera.
En paralelo, la atención internacional se concentra nuevamente en Irán y su programa nuclear. Netanyahu respaldó la posición del presidente estadounidense Donald Trump sobre la posibilidad de que Teherán esté recuperando capacidades relacionadas con su programa nuclear. Trump, entretanto, ha advertido sobre actividades detectadas en instalaciones iraníes próximas a Natanz y ha señalado especialmente la zona fortificada conocida como Pickaxe Mountain.
La presión diplomática sobre Teherán aumentó después de que la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aprobara el 9 de septiembre una resolución para remitir a Irán al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por incumplimientos de sus obligaciones de salvaguardias. La votación terminó con 23 países a favor, tres en contra y ocho abstenciones, según reportes internacionales. Irán rechazó la medida y la calificó de política, mientras sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos.
La crisis, por tanto, se desarrolla simultáneamente en dos escenarios vinculados por el enfrentamiento entre Israel e Irán y sus aliados regionales. Mientras las fuerzas israelíes buscan impedir que Hezbolá reconstruya posiciones ofensivas en el Líbano, el conflicto diplomático y nuclear con Teherán se intensifica tras la decisión del OIEA. No obstante, las afirmaciones sobre una eventual recuperación de un programa iraní destinado a fabricar armas nucleares deben distinguirse de las capacidades de enriquecimiento de uranio, ya que la evidencia pública no demuestra por sí sola que Irán haya retomado la fabricación de un arma nuclear.