La guerra entre Estados Unidos e Irán entró este miércoles en una nueva fase de confrontación marítima, después de que Washington confirmara la destrucción de cinco buques petroleros iraníes y Teherán anunciara ataques contra una decena de embarcaciones cerca del estratégico estrecho de Ormuz. La escalada representa una de las mayores oleadas de ataques contra el transporte marítimo desde el comienzo del conflicto.
La respuesta iraní también se extendió al territorio jordano. La Guardia Revolucionaria afirmó haber lanzado misiles contra una instalación utilizada por las fuerzas estadounidenses en Jordania, mientras las autoridades jordanas informaron que sus sistemas de defensa interceptaron 18 de los 20 misiles dirigidos contra su territorio. No se reportaron víctimas por esos ataques.
En el frente marítimo, Irán aseguró que sus fuerzas atacaron dos embarcaciones estadounidenses y ocho petroleros en la región. Entre los incidentes reportados figura además un ataque contra un buque de carga frente a las costas de Irak. Las autoridades iraníes han advertido, asimismo, que podrían establecer una zona marítima restringida más amplia en el golfo de Omán y áreas próximas al estrecho de Ormuz.
El principal efecto inmediato de la confrontación se trasladó a los mercados energéticos. El Brent cerró este miércoles en 101,21 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate llegó a 96,05 dólares. El incremento refleja el temor de los operadores a que los enfrentamientos reduzcan todavía más el flujo de petróleo por Ormuz, una ruta fundamental para el comercio mundial de hidrocarburos.
La preocupación trasciende el precio de los combustibles. Un encarecimiento sostenido del petróleo podría elevar los costos del transporte, la producción y los alimentos, al tiempo que complicaría la política monetaria de los principales bancos centrales. Analistas advierten que una interrupción prolongada del suministro podría alimentar nuevamente la inflación y obligar a mantener tasas de interés elevadas durante más tiempo.
Mientras Washington sostiene que los ataques contra los petroleros fueron una respuesta a los intentos iraníes de golpear sus buques de guerra, Teherán acusa a Estados Unidos de agresión y amenaza con ampliar sus operaciones. Con el tráfico marítimo severamente afectado y el petróleo nuevamente por encima de los 100 dólares, la crisis amenaza con convertirse en un problema económico mundial además de militar.