La competencia estratégica entre las grandes potencias llegó al corazón del Pacífico con la apertura de la 55.ª cumbre del Foro de las Islas del Pacífico (PIF) en Palau. El encuentro, que reúne a los 18 miembros del organismo regional y a países asociados, pretende colocar en primer plano las necesidades de los pequeños Estados insulares, pero desde el comienzo quedó marcado por la disputa entre Beijing y Taipéi. Palau, uno de los pocos países del Pacífico que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, decidió recibir nuevamente a representantes taiwaneses después de que el año pasado los socios externos fueran excluidos de la reunión celebrada en las Islas Salomón.
La dimensión política del encuentro quedó expuesta, además, por la ausencia de varios jefes de Gobierno. Fiji, Vanuatu, Samoa, Islas Salomón y Kiribati no estarán representados personalmente por sus máximos dirigentes, aunque enviaron ministros, embajadores u otros funcionarios de alto nivel. En el caso de Islas Salomón, el primer ministro Matthew Wale abandonó Palau después de que surgiera una moción de censura en su país; Kiribati explicó que su presidente, Taneti Maamau, no pudo viajar debido a la sesión parlamentaria y a las limitaciones de vuelos. Las ausencias alimentaron las dudas sobre la capacidad del foro para proyectar una posición regional unificada.
Taiwán es uno de los principales puntos de fricción. El ministro de Relaciones Exteriores taiwanés, Lin Chia-lung, participa en las actividades paralelas del encuentro y encabeza una delegación empresarial que busca profundizar los vínculos económicos y de cooperación con las naciones insulares. Taiwán es considerado socio de desarrollo del foro desde 1993, mientras China posee la categoría de socio de diálogo. La decisión de permitir nuevamente la presencia taiwanesa fue respaldada por Palau, que sostiene que los países miembros son soberanos y tienen derecho a mantener sus propias relaciones internacionales.
Beijing, sin embargo, considera inaceptable que Taiwán tenga ese espacio dentro de las actividades del foro. El enviado especial chino para los asuntos de las islas del Pacífico, Qian Bo, expresó una fuerte protesta y sostuvo que Taiwán no reúne las condiciones para participar como socio de diálogo. La advertencia adquirió mayor intensidad cuando el diplomático señaló que la participación taiwanesa tendría “consecuencias”, aunque rechazó que sus palabras constituyeran una amenaza. China sostiene además que los países deben respetar su principio de “una sola China”, mientras Palau mantiene relaciones diplomáticas formales con Taipéi.
La disputa diplomática se desarrolla sobre un escenario en el que China ha aumentado considerablemente su influencia económica, política y de seguridad en el Pacífico, mientras Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda buscan reforzar sus propios vínculos con los pequeños Estados insulares. La importancia estratégica de estas naciones supera ampliamente su tamaño: controlan enormes zonas económicas marítimas, poseen rutas de navegación fundamentales y se encuentran en una región cada vez más relevante para la competencia militar y comercial entre las grandes potencias. El propio foro enfrenta dificultades para adoptar posiciones comunes, como ocurrió recientemente después de que sus miembros no consiguieran acordar una declaración conjunta sobre una prueba de misil china en el Pacífico.
Pero para los gobiernos insulares, la rivalidad entre Washington y Beijing no debería desplazar las prioridades que afectan directamente a sus poblaciones. Cambio climático, seguridad alimentaria, energía, crimen transnacional, conectividad, desarrollo económico y protección de los océanos figuran entre los asuntos centrales de la agenda. El presidente de Palau y anfitrión del encuentro, Surangel Whipps Jr., ha insistido en que las alianzas externas deben contribuir al desarrollo regional sin determinar las decisiones de los Estados insulares. El lema de la reunión, “B.E.L.A.U. — Building Economies: Life. Action. Unity.”, busca precisamente vincular crecimiento económico con integración y cohesión regional.
La dimensión energética también empieza a adquirir mayor peso en las conversaciones. Nueva Zelanda ha advertido que las interrupciones en el suministro de petróleo constituyen una de las preocupaciones inmediatas para los países del Pacífico, muchos de los cuales dependen de cadenas de abastecimiento externas y son especialmente vulnerables a las variaciones de los precios internacionales. Paralelamente, Estados Unidos y Nueva Zelanda anunciaron durante el foro una iniciativa conjunta para modernizar un antiguo puerto de la Segunda Guerra Mundial en las Islas Cook, proyecto que Washington financiará con 50 millones de dólares y Nueva Zelanda con otros 17,5 millones de dólares neozelandeses. El anuncio evidencia cómo la cooperación económica y la infraestructura se han convertido también en instrumentos de competencia geopolítica.
El desafío para el Foro de las Islas del Pacífico será evitar que la confrontación entre las grandes potencias termine fracturando a un bloque que intenta hablar con una sola voz. Las ausencias de cinco líderes, la presión china por la presencia de Taiwán y las diferencias sobre asuntos de seguridad demuestran que la unidad regional enfrenta una prueba considerable. Aun así, el regreso de socios externos como Estados Unidos, China y Japón y la participación de Australia y Nueva Zelanda muestran que el Pacífico se ha convertido en un escenario central de la competencia internacional. Lo que está en juego en Palau no es únicamente el futuro de una reunión diplomática, sino la capacidad de las pequeñas naciones insulares para definir sus propias prioridades en medio de una creciente disputa por influencia, seguridad y poder estratégico.