Colombia enfrenta este lunes una de las emergencias sísmicas más graves de los últimos años después de que un terremoto de magnitud 7,4 estremeciera el occidente del país a las 7:34 de la mañana, hora local. El epicentro fue localizado cerca de San José del Palmar, departamento del Chocó, a unos 400 kilómetros al oeste de Bogotá y a una profundidad aproximada de 107 kilómetros, según los datos citados por Reuters y AP.
La dimensión de la tragedia comenzó a quedar clara conforme avanzaron las horas. El primer balance internacional hablaba de poco más de una veintena de víctimas, pero el número aumentó posteriormente a 47 fallecidos y, en una actualización más reciente de Reuters, llegó a 77 muertos, evidencia de que las autoridades todavía trabajan para establecer el verdadero alcance del desastre.
La mayor concentración de víctimas reportada por Reuters se encuentra en el departamento de Risaralda, donde el gobernador Juan Diego Patiño informó de 42 fallecidos. Pereira, capital departamental y una de las principales ciudades de la región cafetera, quedó entre los lugares más golpeados por el movimiento telúrico.
En Cali, una ciudad de aproximadamente dos millones de habitantes, el escenario continúa siendo especialmente preocupante. El alcalde Alejandro Eder informó inicialmente sobre personas atrapadas en al menos 19 estructuras colapsadas y posteriormente señaló que la ciudad estaba atendiendo 25 estructuras derrumbadas y 12 puntos críticos.
La situación en Cali no se limita a daños superficiales. Equipos de emergencia y ciudadanos se encuentran trabajando entre los escombros para localizar sobrevivientes. Reuters informó que al menos dos personas, una mujer de edad avanzada y una niña, habían sido rescatadas con vida, mientras continuaba la búsqueda de otras personas atrapadas.
Las imágenes procedentes de la capital del Valle del Cauca muestran edificios con fachadas destruidas, estructuras parcialmente derrumbadas y grandes cantidades de escombros en calles y zonas residenciales. Residentes se han unido a los equipos de socorro para remover material y tratar de localizar a quienes permanecen desaparecidos.
Uno de los episodios más delicados se registró en el Hospital Universitario de Cali, donde una parte de la estructura resultó afectada. N+ reportó que había pacientes de la Unidad de Cuidados Intensivos bajo los escombros, una situación que elevó la preocupación de los organismos de emergencia por la necesidad de realizar rescates especializados en instalaciones médicas.
La emergencia obligó además a sacar pacientes de hospitales afectados. Fotografías distribuidas por AP muestran a personal médico evacuando personas en camas hospitalarias mientras se evaluaba la seguridad de las instalaciones. La prioridad fue alejar a pacientes y trabajadores de estructuras potencialmente inestables.
En Pereira, la destrucción también fue considerable. El alcalde Mauricio Salazar informó inicialmente de 18 personas fallecidas y advirtió que otras podían permanecer atrapadas bajo una enorme cantidad de estructuras colapsadas. El aeropuerto internacional Matecaña también sufrió afectaciones, según imágenes difundidas por medios internacionales.
La escena en el aeropuerto de Pereira reflejó el nivel de la emergencia: fotografías y videos mostraron partes del techo desprendiéndose mientras pasajeros buscaban protección y abandonaban las instalaciones. El aeropuerto fue posteriormente incluido entre los terminales cuyas operaciones fueron suspendidas para efectuar inspecciones de seguridad.
Manizales también sufrió daños importantes. Uno de los elementos más visibles fue el colapso parcial de una de las torres de la catedral de estilo neogótico de la ciudad. El alcalde Jorge Eduardo Rojas confirmó inicialmente tres fallecidos y pidió a los habitantes permanecer fuera de edificaciones debido al riesgo de réplicas.
El alcalde de Manizales también informó que más de una docena de edificios y más de 20 viviendas habían resultado parcial o totalmente destruidos. Las autoridades locales suspendieron actividades académicas en colegios y universidades como medida preventiva mientras se realizaban evaluaciones estructurales.
En Buenaventura, principal puerto colombiano sobre el Pacífico, también se confirmó una víctima mortal. Reuters informó que una persona murió luego del colapso de un edificio en el que había varios individuos atrapados, activándose inmediatamente las labores de búsqueda y rescate.
En Quibdó, capital del Chocó y la ciudad más próxima al área epicentral entre los principales centros urbanos, se reportaron personas heridas y daños importantes en edificios. La gobernadora Nubia Carolina Córdoba-Curi indicó que los equipos locales se encontraban realizando una evaluación de la situación.
El saldo de heridos sigue siendo una de las cifras que permanece sin consolidar. Los medios internacionales confirman que existen lesionados en diferentes zonas, pero hasta las últimas actualizaciones consultadas no había un número nacional definitivo de heridos. La prioridad de los equipos continúa siendo localizar sobrevivientes antes de completar el balance médico.
El terremoto fue sentido mucho más allá de las zonas cercanas al epicentro. Reuters señala que el movimiento fue percibido en nueve departamentos y en las 32 capitales departamentales de Colombia, una extensión que explica las evacuaciones preventivas registradas incluso en Bogotá.
En Bogotá, las sirenas de emergencia se activaron y numerosos ciudadanos abandonaron edificios como medida preventiva. Aunque la capital se encuentra a cientos de kilómetros del epicentro, el movimiento fue suficientemente fuerte para provocar escenas de alarma en oficinas, viviendas y otros establecimientos.
El temblor también fue percibido en Ecuador y Panamá, mientras reportes desde Venezuela indicaron que el movimiento fue sentido en zonas como Táchira y Barquisimeto. No obstante, los informes disponibles señalan que fuera de Colombia los daños fueron mínimos o no significativos.
Una de las buenas noticias dentro de la emergencia es que no se emitió una alerta de tsunami asociada al terremoto. El sistema de alerta de tsunamis de Estados Unidos determinó que no existía amenaza de este tipo, pese a la magnitud del movimiento y su ubicación en el occidente colombiano.
El peligro, sin embargo, no terminó con el terremoto principal. El Servicio Geológico Colombiano informó sobre movimientos posteriores, entre ellos réplicas de 2,8 y 4,8, mientras el USGS también registró una réplica de aproximadamente 5,0. Estos movimientos mantienen bajo vigilancia las estructuras que ya presentan daños.
Las autoridades están especialmente preocupadas por las edificaciones que quedaron debilitadas. Una estructura que aparentemente resistió el primer movimiento puede colapsar posteriormente debido a daños internos, vibraciones adicionales o réplicas, por lo que se ha recomendado a la población no regresar a inmuebles afectados hasta que sean inspeccionados.
La infraestructura aeroportuaria también permanece bajo revisión. La autoridad aeronáutica colombiana suspendió operaciones en los aeropuertos de Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura, mientras especialistas verificaban posibles daños estructurales y las condiciones de seguridad.
El impacto también alcanza las carreteras. Reportes recogidos por El País señalaron cierres de vías próximas a Cali y Manizales, además de desprendimientos de rocas en la carretera Cali-Loboguerrero. Estas interrupciones pueden complicar el desplazamiento de ambulancias, maquinaria pesada y equipos de rescate.
La magnitud del desastre obligó a solicitar apoyo adicional. Cali pidió equipos especializados de Bogotá y Medellín para reforzar las labores de búsqueda y rescate, particularmente en los puntos donde existen reportes de personas atrapadas.
El gobierno nacional también activó sus mecanismos de coordinación. El recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella anunció que asumiría personalmente la conducción de la respuesta gubernamental ante el desastre y suspendió actividades previstas para concentrarse en la emergencia.
La tragedia ocurre apenas días después de la llegada del nuevo mandatario a la Presidencia, convirtiendo el terremoto en la primera gran crisis nacional de su administración. El gobierno enfrenta ahora el desafío de coordinar rescate, atención hospitalaria, alojamiento de damnificados, recuperación de infraestructura y restablecimiento de servicios.
El contexto regional añade preocupación. Colombia acaba de experimentar un terremoto de gran intensidad pocas semanas después de los devastadores movimientos registrados en Venezuela durante junio, que dejaron miles de víctimas y una enorme destrucción. La sucesión de estos fenómenos mantiene a los países de la región particularmente atentos a la actividad sísmica.
Colombia posee una importante actividad sísmica debido a su ubicación geológica y a la interacción de diferentes estructuras tectónicas. Sin embargo, los terremotos superiores a magnitud 6 son relativamente poco frecuentes. AP recordó que el terremoto de Armenia de 1999, de magnitud 6,2, provocó más de 1.100 muertes, mostrando el potencial destructivo de los grandes sismos en el país.
El Servicio Geológico Colombiano calificó el movimiento de este lunes como el terremoto de mayor magnitud registrado en Colombia durante la última década. La combinación de la intensidad, la extensión territorial del movimiento y los daños estructurales explica la magnitud de la operación de emergencia que ahora se desarrolla en varias regiones.
El balance definitivo todavía está lejos de conocerse. El último reporte de Reuters consultado eleva a 77 los fallecidos, mientras AP había contabilizado 47 en una actualización anterior; las diferencias reflejan la rapidez con la que están llegando nuevos reportes desde las zonas afectadas. En Cali continúan las operaciones de rescate en estructuras colapsadas y existen personas cuyo paradero aún preocupa a las autoridades. Por ello, la cifra de víctimas podría aumentar en las próximas horas a medida que los equipos remuevan los escombros y accedan a las zonas más afectadas.
