Los mercados internacionales muestran creciente nerviosismo ante la escalada en Oriente Próximo, donde los ataques contra Irán han disparado los precios del petróleo y el gas, alterando la confianza de inversores y analistas.
El precio del barril de Brent cerró el viernes en 92,69 dólares, lo que representa un aumento del 27,8% en apenas siete días, mientras que el gas natural de referencia en Europa se disparó un 69% en el mismo periodo.
La presión se intensifica con cada declaración oficial: desde la Casa Blanca, cada advertencia sobre posibles medidas más agresivas contra Teherán aumenta la volatilidad de los mercados, que buscan contener pérdidas sin éxito.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que no habrá acuerdo con Irán a menos que se rindan “incondicionalmente”, lo que disminuye las expectativas de un conflicto breve y genera mayor preocupación en los sectores energéticos y financieros.
El Brent cerró el viernes con un repunte diario del 8,52%, acercándose a los 100 dólares por barril, un nivel crítico para economistas y empresas energéticas. Las ganancias acumuladas en la semana rozan el 28%, reflejando la magnitud del impacto geopolítico.
En Europa, el contrato de futuros TTF, referencia del gas natural, se disparó un 69% en solo siete días, mostrando cómo la región también se ve afectada por la escalada y la incertidumbre en el suministro energético.
Las Bolsas europeas han intentado frenar los recortes acumulados, pero la volatilidad persiste. El Ibex llegó a perder los 17.000 puntos en los momentos más críticos de la sesión, aunque finalmente cerró ligeramente por encima de ese nivel.
El balance semanal de los principales índices es mucho más severo: el Ibex se deja un 7%, superando incluso la caída del 6,68% que sufrió tras el anuncio de los aranceles, registrando su peor resultado desde marzo de 2022, en pleno estallido de la guerra en Ucrania.
La combinación de precios energéticos al alza y señales de debilidad económica revive el fantasma de la estanflación, caracterizada por bajo crecimiento con inflación creciente, un escenario que inquieta a economistas e inversores por igual.
Los datos de empleo en Estados Unidos acentúan estas preocupaciones: en febrero se destruyeron 92.000 puestos de trabajo, una de las mayores caídas desde la pandemia, lo que incrementa la percepción de riesgo sobre la economía global.
Analistas destacan que los mercados siguen reaccionando con rapidez a cualquier noticia procedente de Oriente Próximo, y que la prolongación de la ofensiva contra Irán podría afectar no solo la energía, sino también la estabilidad financiera internacional.
Ante este panorama, los inversores buscan refugio en activos más seguros mientras los precios del petróleo y el gas continúan su escalada, reflejando un clima de tensión que podría extenderse si la situación geopolítica no se estabiliza pronto.