La tensión en Medio Oriente alcanzó este jueves un nuevo punto de ebullición. Irán y Estados Unidos escalan posiciones militares en el Golfo, mientras Europa adopta una de las decisiones más duras contra el régimen de los ayatolás, configurando un escenario de máxima alerta internacional.
En Teherán, las autoridades confirmaron el despliegue de al menos 1.000 drones de “respuesta rápida”, una señal inequívoca de preparación militar ante un posible enfrentamiento. El anuncio se produce en medio de una retórica cada vez más beligerante contra Washington y sus aliados.
La escalada coincidió con la entrada del destructor estadounidense USS Delbert D. Black en la región, el sexto buque de este tipo desplegado por Estados Unidos en el Golfo, en lo que analistas interpretan como un mensaje directo de disuasión frente a cualquier acción hostil iraní.
El desafío político también subió de tono. Desde el liderazgo iraní se lanzó una advertencia contundente al presidente Donald Trump: “Preferimos la guerra antes que la rendición”, una frase que resume el endurecimiento del discurso oficial y reduce los márgenes para una salida diplomática inmediata.
En paralelo, la Unión Europea dio un golpe histórico al incluir al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en su lista de organizaciones terroristas, una medida que profundiza el aislamiento internacional de Irán y abre la puerta a nuevas sanciones económicas y financieras.
La decisión europea fue interpretada por Teherán como una alineación directa con la política de presión de Estados Unidos, aumentando la confrontación política y cerrando canales de diálogo que hasta ahora se mantenían abiertos de forma limitada.
En el trasfondo de esta crisis persiste la grave situación interna iraní, marcada por protestas sociales, represión estatal, crisis económica y un fuerte descontento ciudadano, factores que, según expertos, influyen en la estrategia de confrontación externa del régimen.
Con fuerzas militares en movimiento, drones desplegados y sanciones en aumento, la región del Golfo Pérsico se consolida como uno de los focos geopolíticos más peligrosos del planeta, donde cualquier error de cálculo podría detonar una crisis de alcance global.